DE
LO VELADO Y HOY DESVELADO POR LA POSMODERNIDAD EN TORNO A FRANZ
KAFKA
"Simplemente, no sobrestimar lo que
he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero
escribir".
(Franz
Kafka)
Señor
Franz Kafka, espero que este escrito no haga que se revuelque en su tumba,
porque créame, lo hago con respeto, por una extraña pero agradable coincidencia
dada sólo en un lugar que a veces es hostil, pero a veces no…usted ha sido
motivo de ensayos, artículos, reseñas, páginas de Internet, trabajos de
titulación, etc., que intentan entenderlo, descifrarlo, detractarlo,
sobreestimarlo, sin tener en cuenta que usted no deseba ser conocido por
nosotros (muestra paradójica de la confianza y la amistad – Max Brod-), de
quienes ha sido a priori excelente descriptor de emociones, de cotidianeidades
absurdas, pero al fin cotidianeidades que se sufren o se padecen, según quiera
verse.
Ahora que he aclarado con usted el asunto, miro hacia el otro lado
del salón porque ésta es una plática pendiente con Jafeet (con quien se
encuentra en franca desventaja, ya que obviamente no conoce, no siendo así el
caso del mencionado antes) en donde, sin tomar las cosas con más seriedad que la
necesaria, saliera usted a relucir acompañado de una corriente literaria
conocida como posmodernista. En fin…miro hacia el lado contrario de donde está
usted ¿sentado? para proseguir con esta particular impresión de lo que escribió,
de lo que escriben de usted, de lo que dicen…cual chisme culto o discusión
frívola…o una plática interesante de la que no se esperaba tanto…como sea, pero
aquí vamos.
FRANZ KAFKA: LA
PERSONA
Quizá todo esto ya lo sepas, pero ahí va, para irle
dando cuerpo a la plática y llegar al punto importante. Bien, Franz Kafka nació
un 3 de julio de 1883 y murió el 3 de junio de 1924 a la edad de 41 años, es
decir muy joven, a causa de la tuberculosis, atribuida por algunos a su dieta
vegetariana y naturista, aunque yo creo que fue más bien por lo poco que había
avanzado la medicina en el tratamiento de este mal. Como muchos de los
escritores favoritos de las masas, Kafka sufría de insomnio y de algunos
desequilibrios emocionales, que nadie se ha atrevido a diagnosticar bajo ninguna
enfermedad psicológica o siquiátrica (pero yo creo que era depresivo, según las
anotaciones de su diario, o maniaco-depresivo porque hablaba de fantasmas y
cosas por el estilo), pero se engloban en la categoría ‘Ser atormentado’, aunque
también se habla de que fue un hombre que gozó enormemente la
vida
Se
dice que Kafka, de ascendencia judía y nacido bajo el signo de cáncer, es
expresor de la alienación y ansiedades del Hombre del siglo XX. Como cualquier
otro mortal, tuvo gustos que de forma inherente marcaron su escritura y su
percepción del mundo: Nietzche y Flaubert.
Es
aquí donde sucede el primero de los saltos en la plática. Los nativos de cáncer
están regidos por el elemento agua, son personas sumamente sensibles, nobles. No
creo en los horóscopos como instrumentos de predicción, pero por alguna causa
extraña, las características si coinciden con las personas que he conocido. Sé
perfectamente que una personalidad no se define por cómo se alinearon las
estrellas, pero quizá ese algo que o cambia a lo largo de nuestra vida llamado
temperamento si. El cangrejo de cáncer representa las altas y bajas emocionales
que se mueven de un lado hacia el otro, ocultándose finalmente en su caparazón.
El agua, su elemento regente, se asocia con las emociones, la intuición, la
sensibilidad, y una aguda tendencia a la melancolía. Los nativos de cáncer
tienen como cualidad cardinal el inicio de la acción. Sus partes del cuerpo
vulnerables son el estómago, el pecho y la nariz, su frase clave es ‘yo siento’
y su concepto clave es la compasión. Hasta aquí hay muchas cosas que coinciden,
y mira que no intento encajarlas a fuerza ¡eh! Quizá con la información que tú
tienes puedes desmentirme, pero según lo que yo leí, si es un perfil muy cercano
al personaje en cuestión.
El
planeta regente de Cáncer es la Luna, que ha estad o desde siempre
simbólicamente ligada a la naturaleza y a todo aquello que pertenece al seno
materno. Cáncer es el signo más femenino y de buen gusto. Ellos perdonan con
facilidad, son comprensivos con las faltas ajenas. Aman la naturaleza, gustan de
los niños y los animales, siendo dedicados a sus responsabilidades, Aunque son
pacíficos y de suaves maneras, cuando se encuentran amenazados son capaces de
pelear con determinación y firmeza; son de buen corazón, bondadosos, solidarios
y generosos.
Los
nativos de Cáncer son sensibles y abren su imaginación a cosas nuevas o raras,
pero siendo caprichosos por naturaleza, sus pensamientos no duran mucho. Cuando
se involucran en algo o con alguien, tienden a olvidarse de sus obligaciones
anteriores. Son muy curiosos, rayando en la impertinencia muchas veces. Pueden
ser rencorosos, aduladores, plagados de caprichos y llenos de complejos de
inferioridad. Son pesimistas, lentos al momento de tomar decisiones. También son
retraídos y tímidos. No soportan las cosas muy estrictas ni tan disciplinadas,
menos las presiones. Son cambiantes, su estado de ánimo de Cáncer puede pasar de
la euforia a la melancolía en instantes, y para muestra esto: …"En ti observé lo
que tienen de enigmático los tiranos, cuya razón se basa en su persona, no en su
pensamiento. Al menos, así me lo parecía" (Carta al padre,
1919)
Retomando el tema. Kafka tiene una
autoimagen bastante negativa, al pensar que los otros pudieran calificar su
cuerpo o su mente como repulsivos, lo anterior, ligado de manera estrecha al
menosprecio manifestado por su padre, el primero en criticar brusca e
injustamente la obra de este escritor en lengua alemana. Sin embargo, por
testimonio de Max Brod (quien por cierto –y so pena de mi ignorancia- es
conocido como ‘el amigo de’) se sabe que Franz fue un sujeto que lograba
impactar a los demás con su apariencia, especialmente con su inteligencia y
sentido del humor –calificado de surrealista por algunos escritores
contemporáneos
KAFKA: LO VELADO, LO DESVELADO LO HERÉTICO Y LO
HOLOGRAMÁTICO
"Lo
cotidiano en sí mismo es ya maravilloso. Yo no hago más que
consignarlo."
(Franz
Kafka)
Cuando
nos conocimos –asunto ya abordado en mi space- te comentaba que en muchas
ocasiones, particularmente con el existencialismo, lo que dijeron autores como
Kierkegaard (que dice no ser existencialista), o Kafka (que tampoco lo es, pero
que muchos escritores lo asumen como un visionario del movimiento, algo así como
el que lo vio nacer desde el absurdo de la cotidianeidad para ser plasmado
después como corriente filosófica) es comentado hoy día cual cruda de una doble
noche de parranda ¿A qué me refiero? Bien, el ser humano ya había generado y
legitimado la idea de “Orden es progreso” y las demás mentiras vendidas como
verdades a fin de que el hombre pudiera encontrar la felicidad. Sin embargo,
nada de ello logró impedir que el hombre, en menos de cincuenta años, decidiera
iniciar una nueva lucha calificando a sus semejantes, deseando someterlos: es
aquí en donde está la primer cruda de la noche de parranda (tomaron cerveza,
tequila, vodka, mezcal y alcohol de 96°, así que imagínate la resaca –o cruda-).
Pero sin haberse curado de la
cruda, el Hombre en ese afán antropocéntrico de dominar, de marcar territorios
físicos e ideológicos, continúa matando a sus semejantes y apartándose de todo
elemento caótico que rompe con su equilibrio y su certidumbre: Guerra de
Vietnam, Muro de Berlín, etc. Por todo ello, las generaciones adultas a inicios
del siglo XXI ya no tenían consuelo: todo se acabó en esta segunda borrachera
(en donde tomaron de lo mismo, pero con la cruda de la parranda anterior, así
que estamos en una doble cruda –o cruda de segundo orden). De esta forma, esos
adultos a los que me refiero, vieron como el mundo se destruía entre sí, como
los líderes morías, eran asesinados, o se vendían a la mejor franquicia. Era el
colmo del sinsentido, que ya es demasiado decir.
En la obra de Kafka,
a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo, que se basa en reglas
desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. En la literatura posmoderna
esto ya no importa, porque cada sujeto crea sus propias reglas y entonces se
genera un ambiente de relativismo inconsciente (o aquello a lo que Nietzche
llamaba nihilismo pasivo). Si tu entorno, tu contexto, no hace más que generarte
angustia, porque las decisiones que debes tomar no son complicadas, sino
efímeras, no haces más que buscar fuentes de placer de la misma índole. El
tiempo y el espacio se reducen, ya no importa si un texto logra hacer vibrar tu
mente, sino si es chic leerlo.
Todo aquello de lo que alguna vez habló
Kafka en sus obras a través de sus personajes no es más que lo que hoy se ve
porque somos recursivos, que no es cíclicos. Es aquí en donde viene mi hipótesis
respecto a lo que hablamos hace algunas semanas:
Franz Kafka, como cualquier otro
individuo, pertenece a una organización social con un código consensuado y
específico, con organizaciones e instituciones que intentan acomodar los actos
de todos esos sujetos que las legitiman. Por tanto, todo sujeto responde a lo
que Edgar Morin[1] llama “Principio hologramático” en
donde con ver una parte del holograma sabes cuál es la figura, y al ver la
figura en su totalidad, vez a esa parte pequeña conformándolo y haciéndolo
posible: así es el sujeto, una radiografía de la sociedad en que vive. Nada hay
que no se haya dicho antes porque el sentimiento es el mismo aunque la causa
haya cambiado sutilmente. Kafka no podía escribir de flores en el campo cuando
no era eso lo que veía, tampoco podía hablar de la razón ilustrada cuando
hombres mataban a hombres sin saber por qué lo hacían. Un Hombre es sólo un
latido de los muchos que da un corazón, a veces débil, a veces enfermo: un
corazón social, familiar, personal…burocracia, transformaciones de Seres en
animales, son sólo analogías para explicar las transformaciones de la humanidad.
¿Cuán escarabajos nos tornamos con la necedad, con la estrechez de mente, con la
nulificación del otro y de mí mismo?
Si
lees a Lipovetsky cambian los contextos, pero la esencia es la misma, porque la
angustia es universal, porque el dolor también lo es, porque independientemente
del credo religioso, el instinto llama a la compasión cuando ves a otros sufrir
sin que ellos te hayan provocado una pena. La desilusión es general porque ya no
hay verbo dominante[2], porque el hombre comprobó desde
sí mismo que no era tan fuerte como creía, que no hay omnipotencia en
él.
No puede olvidarse que Kafka no deseba publicar sus obras, sino que
fuesen destruidas; era sólo un sujeto que hablaba de lo que veía, de lo que
sentía a partir de su propia historia, no quería ser entendido o descubierto. La
posmodernidad intenta algo relativamente inverso: ayudar a explicar cómo las
personas han dejado de ser Seres para tornarse en sujetos, en estadísticas, en
datos, porque su misma ambigüedad les (nos) impide ser información. Ya no
importa si la realidad es absurda, sino en cómo se vende ese absurdo; no
interesa cómo son las instituciones, sino los burócratas corruptos que viven a
costillas de nuestros impuestos y pagan con ellos su coca, su table y su coñac.
Ya no es reírse o angustiarse por el absurdo, sino patentarlo y hacer de él algo
tan lógico que a nadie sorprende…porque la virtualidad supera al fenómeno,
porque queremos algo más que alimente nuestro morbo y así evadir lo que a ti, a
mi, a Kafka, a Lipovetisky, y a todo ser humano que tiene, además de
incertidumbre por comer o dónde vivir, dudas existenciales que ponen a andar la
rueda. Como dice uno de mis profes: “prende la tele porque si no me pongo a
pensar”.
Hoy platico contigo de lo que Kafka
dijo antes y ahora sólo lo refritean, pero quizá si él viviera hoy, no se
preguntarían qué escribe o porqué, sino querrían fotos exclusivas de su
compromiso matrimonial, de su boda, o quizá una cobertura especial de su agonía,
con fotos especiales para la revista Hola y TV Notas.
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P.D.
¿SERÁ? A veces me da la impresión de que la literatura posmodernista no es más
que la segunda resaca (pero más fuerte, más dolorosa) del existencialismo. No
hay dolor que no se haya identificado, ni carencia que no se haya leído ya. Es
sólo que los existencialistas tenías una breve esperanza, y los posmodernistas
no: ya no hay nada, ni sentido de que exista esa finita esperanza. Ya no hay que
elegir, porque sea lo que se que se elija estamos jodidos.
Quien
haya leído a Kafka, a Sartre, a Kierkegaard, y el resto, sabrá que algo de lo
que hoy habla Lipovetsky ya estaba como velado en palabras de los autores que
mencioné antes: ¿Qué nos consuela ahora entonces? ¿un lindo par de zapatos?, ¿la
bolsa de mano de moda?, ¿un lindo perfume?, ¿un tratamiento en Oceánica?, ¿un
marido que nos mantenga o una esposa que deje que se le vea la cara mientras nos
acostamos con otras (u otros)?, ¿una boda gay?, ¿la adopción a los 30?, ¿una
carrera académica llena de títulos y papeles qué colgar en la pared y
presumirlos a las visitas?, ¿una biblioteca de tomos de los que no se han leído
ni la mitad? ¿Una noche de antro? ¿Una noche de copas, una noche
loca?
Creo
que esta desesperación y desencanto contemporáneos no son más que el efecto de
haber bebido (metafóricamente hablando) vodka, cerveza, tequila, embriagarse,
vomitar, y seguir bebiendo con el estómago hecho trisas: ¿en dónde tenemos la fe
ahora?, ¿en quién o en qué? ¿Cuál es el verbo dominante de nuestra
incertidumbre? ¿Cómo trascenderemos a esa llamada "segunda edad media"? ¿Qué
será entonces nuestra piedra angular?
___________________________________________________________________[1] Filósofo francés autor de la
teoría de la complejidad[2] En el medievo era Dios y la
religión, en la Ilustración fue la razón, en la modernidad fue la Ciencia, el
orden y progreso, pero la posmodernidad carece de verbo porque se asume a la
Ciencia como un mito más de la Humanidad para poder explicarse el mundo y así
arroparse de una realidad que le es ajena, caótica y por lo tanto
incierta.